Odio esta película, principalmente porque es una cursilada. Los gritos de Benigni a su novia "¡Buenos días, princesa!" me provocan dentera, úlcera, acidez y furia homicida. El cuento con el que le disfraza el Holocausto a su hijo...Bien, no creo que nadie esté tan animado en esa situación como para ponerse a contar historietas y hacer coñas, por mucho que quiera al crío. Y la escena final es bochornosa. Sólo falta que salga don Roberto a pedir un Oscar.
Sobrevaloradísima y estúpida a más no poder.
_________________
"A la minoría, siempre"